Catolicos por la Tradicion




domingo, 23 de enero de 2011

El Credo de nuestros abuelos

Yo (N) creo con fe firme y libremente confieso todas y cada una de las cosas que se contienen en el símbolo de la Fe de que usa la santa Romana Iglesia, es a saber: Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Hacedor del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles y de las invisibles.

Y en un sólo Señor Jesu-Cristo, Hijo Unigénito de Dios. Y nacido del Padre, antes de todos los siglos. Dios de Dios, lumbre de lumbre, Dios verdadero de Dios verdadero. Engendrado, no hecho, consubstancial al Padre: por quien han sido hechas todas las cosas. El cual por nosotros, los hombres y por nuestra salvación descendió de los cielos. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen, e hízose Hombre. Fue también crucificado por nosotros, debajo del poder de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado. Y resucitó al tercero día, según las Escrituras. Y subió al cielo: está sentado a la diestra del Padre. Y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos: cuyo reino no tendrá fin.
Creo también en el Espíritu Santo, Señor y vivificador: el cual procede del Padre y del Hijo. Quien con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y conglorificado: quien ha hablado por los profetas. Creo también en la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso un sólo Bautismo para la remisión de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos. Y la vida del siglo venidero. Amén.

Admito y abrazo firmísimamente las tradiciones apostólicas y eclesiásticas y las demás observancias y constituciones de la misma Iglesia. Asímismo admito la Sagrada Escritura conforme al sentido que mantuvo y mantiene la santa madre Iglesia, cuyo es el juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras; y nunca jamás la tomaré e interpretaré sino conforme al unánime común sentir de los Padres.

Profeso también que son siete verdadera y propiamente los Sacramentos de la nueva ley instituídos por Jesu-Cristo Nuestro Señor y necesarios aunque no todos a cada uno, para la salvación del género humano, a saber: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Extrema Unción, Orden y Matrimonio; y que confieren gracia y que de ellos el Bautismo, la Confirmación y el Orden no pueden reiterarse sin sacrilegio.

Acepto y admito también los ritos admitidos y aprobados por la Iglesia Católica en la administración solemne de todos los sobredichos Sacramentos. Abrazo y acepto todas y cada una de las cosas que acerca del pecado original y de la justificación fueron definidas y declaradas en el sacrosanto Sínodo Tridentino.

Confieso asímismo espontáneamente que en la Misa se ofrece a Dios un verdadero, propio y propiciatorio Sacrificio por los vivos y los muertos; y que en Santísimo Sacramento de la Eucaristía está verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre juntamente con el alma y la divinidad de Nuestro Señor Jesu-Cristo y que se hace la conversión de toda la substancia del pan en el Cuerpo y toda la substancia del vino en la Sangre, a la cual conversión la Iglesia Católica llama Transubstanciación. Confieso también que debajo de una sola de las dos especies se recibe a Cristo todo entero y un verdadero Sacramento.

Firmemente sostengo que hay Purgatorio y que las almas en él detenidas son ayudadas con los sufragios de los fieles. Asímismo que los santos que reinan juntamente con Cristo han de ser venerados e invocados, que ellos ofrecen a Dios oraciones por nosotros y que han de ser veneradas sus reliquias. Firmemente afirmo que se han de tener y conservar las imágenes de Cristo, de la Madre de Dios siempre Virgen y las de los otros santos y que se les ha de tributar el debido honor y veneración.

Afirmo también que Cristo dejó en la Iglesia la potestad de las Indulgencias y que el uso de ellas es muy saludable al pueblo Cristiano. Reconozco a la Santa, Católica y apostólica Romana Iglesia por madre y maestra de todas la Iglesias y prometo y juro obediencia verdadera al Romano Pontífice, sucesor de San Pedro, príncipe de los Apóstoles y Vicario de Jesu-Cristo.

Asímismo acepto y confieso sin titubear todas las otras cosas enseñadas, definidas y declaradas por los sagrados Canones y Concilios Ecuménicos y principalmente por el sacrosanto Sínodo Tridentino y por el Concilio Ecuménico Vaticano, mayormente acerca del primado y magisterio infalible del Romano Pontífice y a la vez condeno también yo, rechazo y anatematizo todas las cosas contrarias y cualesquiera herejías condenadas y rechazadas y anatematizadas por la Iglesia.

Esta Fe Católica verdadera, fuera de la cual ninguno puede ser salvo, que ahora expontáneamente confieso y en verdad tengo, esta misma yo mismo (N) prometo, voto y juro retener y confesar íntegra e inviolada constantísimamente, con el favor de Dios, hasta el postrer aliento de vida y procurar cuando sea de mi parte, que mis súbditos o aquellos cuyo cuidado me toque en mi oficio, la tengan, enseñen y prediquen. Así Dios me ayude y estos santos Evangelios de Dios.

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